sábado, 23 de enero de 2016

Contrasitios

Publicado el 14 mayo, 2008 por Antonio Tausiet


Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido
Por Antonio Tausiet
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron. 

1. Marco histórico: la Guerra de la Independencia

La llamada Guerra de la Independencia fue un conflicto armado entre Francia y España que se prolongó desde 1808 hasta 1814. En Francia gobernaba Napoleón Bonaparte, y en España el rey Borbón Carlos IV, que abdicó en su hijo Fernando VII. Se suponía que el paso de las tropas napoleónicas por España se producía para invadir Portugal (aliado de Inglaterra), pero a medida que los franceses llegaban a las distintas localidades, las iban tomando.

Las clases pudientes españolas animaron al pueblo a luchar contra los franceses, con la excusa de la Independencia, pero movidos por el miedo a perder sus privilegios si las ideas de la revolución francesa se imponían. Mientras sucedían las batallas, el rey de España fue José Bonaparte, el hermano de Napoleón.

Al terminar la guerra, Fernando VII llega al poder y reinstaura el absolutismo. Vuelven los jesuitas, se reaviva la Inquisición y se persigue a los afrancesados.

Napoleón pretendía llevar las ideas de libertad de la Revolución Francesa por el mundo, imponiéndolas por la fuerza de su imperialismo iluminado, e Inglaterra, otra de las grandes potencias del momento, se lo impidió. España fue el escenario del principio del fin del Emperador.


2. Los afrancesados

Los ilustrados afrancesados apoyaban la invasión, movidos por la idea de que el nuevo poder modernizaría España. Eran personas cultas y en ese momento constituían la clase intelectual del país. Sólo después de la Guerra de la Independencia el término afrancesado adquiere connotaciones de perseguido político.

Durante los años de la guerra, miles de ilustrados tuvieron que marcharse a Francia en el primer exilio masivo moderno de la Historia de España. Cuando muchos volvieron, engañados por Fernando VII, se desencadenó una persecución contra ellos.


3. El apoyo zaragozano a los franceses en los Sitios

Zaragoza fue una más de las ciudades donde entraron las tropas de Napoleón. La resistencia a los franceses en esta ciudad duró más tiempo del esperado, y este hecho provocó la destrucción de gran parte de los edificios, la muerte de miles de personas y, sobre todo, la utilización posterior de los llamados Sitios de Zaragoza como motivo nacionalista folclórico.

Más allá de las notas de la época en las que se nos habla de militares zaragozanos fieles a los franceses, capturados y fusilados, y algunos aristócratas proclives a la invasión, que rápidamente huyen con su fortuna, no hay referencias sobre los habitantes de la ciudad que defendían el pensamiento ilustrado. Pero probablemente, unos pocos aragoneses favorables a las ideas revolucionarias seguían manteniendo reuniones secretas en algún lugar de Zaragoza…

Durante los Sitios, se extendió entre los zaragozanos la obsesión por los espías. Se levantaron horcas en los acostumbrados lugares públicos y no pocos cuerpos de “espías franceses” fueron exhibidos públicamente colgados de ellas.

Doscientos años después, más de sesenta calles y plazas de Zaragoza homenajean al bando antifrancés. Benito Pérez Galdós escribió en sus Episodios Nacionales la mentira que luego se reprodujo en los billetes de mil pesetas de la democracia: “Entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”. Zaragoza sí se rindió, y perdió la guerra, aunque lamentablemente por poco tiempo. Sólo cinco años más tarde, volvió la monarquía absolutista y el antiguo régimen, cuyos coletazos aún resuenan entre los conventos, las iglesias, los colegios y los cuarteles de la ciudad.

Agustina de Aragón, el General Palafox y el resto de los supuestos héroes de los Sitios de Zaragoza también se pueden ver desde la perspectiva de los ilustrados. Fueron quienes consiguieron que España continuase en la Edad Media hasta los años setenta del siglo XX. Mientras, Francia y el resto de Europa avanzaban hacia su modernización.

Dos siglos de estancamiento moral, político y social, con las únicas excepciones de los períodos liberales y republicanos, rápidamente fulminados. Un país que se queda sin intelectuales. Pero, ¿cuál fue el papel de los afrancesados en los Sitios de Zaragoza?

Francisco de Goya, nacido en un pueblo cercano a Zaragoza y que vivía en Madrid, donde alternaba con intelectuales como Moratín o Jovellanos, reflejó en sus grabados y pinturas los horrores de la guerra. Al mismo tiempo, retrataba a los reyes y su corte. José I, el hermano de Napoleón, otorgó a Goya la Orden Real de España, galardón que premiaba las adhesiones a su corona. Cayó en desgracia tras la restauración de Fernando VII, hasta que en 1824 se exilió en Burdeos, siguiendo la estela de tantos otros que veían amargamente cómo su país avanzaba hacia el abismo. Uno de los grabados sobre “Los desastres de la guerra” se tituló “Con razón o sin ella” (ver ilustración de este texto). Se trata de un fusilamiento por parte de soldados franceses. El título refleja la contradicción en la que se tuvo que mover el pintor: defensor de la diosa razón, como sus amigos afrancesados, fue testigo de una contienda cruel con sus consabidas atrocidades.

El pueblo acabó gritando “Vivan las cadenas”, arrastrado por la ola de ceguera que les llevaba a solicitar un monarca absolutista, y la constitución liberal de 1812 sólo estuvo vigente dos años, además de otros breves momentos posteriores de la Historia de España.


4. El General Guillelmi

El capitán general del ejército de Aragón Jorge Juan Guillelmi y Andrada (Sevilla, 1734) tenía 74 años el 2 de mayo de 1808, cuando los franceses se enfrentaron a los madrileños. En un bando de 5 de mayo pidió prudencia y concordia a los zaragozanos. 19 días después, tras sacarlo a la fuerza de la Capitanía General y Audiencia Territorial (Palacio de los Luna, en el Coso, 1) fue encarcelado en la Aljafería, donde murió el 12 de marzo de 1809, siendo enterrado en la iglesia de San Martín de dicho castillo sin ningún tipo de ceremonia.


Otra versión de los hechos dice que los franceses lo liberaron los primeros días de abril de 1809, muriendo poco después. Pero esa misma versión, de la Gran Enciclopedia Aragonesa, afirma que Guillelmi no era un afrancesado, “sino un anciano militar apegado a la legalidad”. Esta insinuación se cae por su propio peso si consideramos que se trataba de un catedrático de matemáticas, viajero, conocedor de varios idiomas y excelente pintor: véase ilustrando este texto el “Trampantojo dedicado a don Francisco Antonio de Lacy”, obra de Jorge Juan Gullelmi de 1783. Además, en el mismo artículo se afirma que era de origen italiano, pero su padre nació en Bruselas. Por eso su apellido se pronuncia “Guillelmí”.

En la obra recopilatoria “Prisiones de Europa” (1863) podemos leer: “El general fue tratado en la Aljafería con la mayor consideración hasta el 14 del inmediato junio de 1808”.

El 15 de junio de 1808 se presenta el ejército francés en Zaragoza, pidiendo la rendición, que les es denegada. El 22 de febrero de 1809 Zaragoza capitula ante los franceses, tras el segundo Sitio.


5. La permanencia francesa en Zaragoza

Desde la rendición de 1809, Francia gobernará la ciudad bajo el mando de Suchet hasta el 9 de julio de 1813. Más de cuatro años. ¿Qué pasó entonces?

Según la Guía de Zaragoza de 1860, “Durante la permanencia de los franceses en Zaragoza, se mejoró la ciudad y sus afueras; proyectándose vastas obras de pública utilidad, que los acontecimientos de la guerra impidieron verificar. Propagandistas y creadores, dejaron en Zaragoza huellas de su paso; y, como en todas partes, semillas de otras ideas que en su día habían de germinar. Aquellas semillas brotaron a principios del año 1820, proclamándose en Zaragoza la Constitución”.

El Paseo de la Independencia -el nombre es posterior, obviamente (1860)- fue proyectado por los franceses (Paseo Imperial), con sus arcos copiados de la calle Rivoli parisina. También es de esta época la prohibición sanitaria de enterrar a los muertos en las parroquias del centro. Y la nueva y profusa iluminación con faroles de aceite por la ciudad, durante toda la noche.

El 20 de julio de 1813 se proclamó en Zaragoza la Constitución de 1812: fue un primer intento fallido. El 6 de abril de 1814 Fernando VII visitó la ciudad durante cinco días. Durante su estancia, varios zaragozanos arrancaron la lápida conmemorativa de la Constitución que se había instalado en las ruinas del convento de San Francisco (actual Diputación Provincial, en la Plaza de España). El 4 de mayo, Fernando VII derogó la Constitución.

Anexo:

El 18 de marzo de 2012 el periódico Heraldo de Aragón publicó una separata conmemorando el segundo centenario de la Constitución de 1812. En su página 4 aparece un reportaje titulado “La Zaragoza afrancesada”, firmado por David Navarro. En él se ofrecen datos aportados por el investigador zaragozano Jaime Latas, autor del libro “La ocupación francesa de Zaragoza (1809-1813)”. Transcribo aquí parte del contenido de ese artículo:

– De 100.000 habitantes antes de la guerra, la ciudad termino con apenas 14.000.
– El mariscal Louis Gabriel Suchet recibe el encargo de Napoleón de administrar la ciudad. En ella se sentirá como un virrey.
– Se tomó a las antiguas autoridades como aliadas. Francia tomó años más tarde la ocupación de Zaragoza como ejemplo para la conquista de Argelia.
– El mando de la seguridad de la cuidad se mantuvo a cargo de las anteriores autoridades locales.
– Suchet se congració con la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la Casa de Granaderos y la Iglesia, herramientas perfectas de control social.
– Uno de los primeros actos que protagonizó Suchet tuvo lugar en el Pilar. El 12 de octubre de 1809 regaló un manto de raso blanco bordado de oro y encabezó la procesión.
– Se restauraron las corridas de toros, abolidas por Carlos IV en 1805.
– Se sufragó la Compañía de Comedias del Teatro Principal, inaugurado en 1799.
– Se celebraban espectáculos lumínicos para celebrar las victorias francesas.
– Una figura relevante fue Honorine de Saint-Joseph, bella esposa de Suchet, 20 años más joven que él, cuñada de José Bonaparte. Se hizo popular entre la población. Juntos visitaron el Monasterio de Santa Fe.
– La cultura se revitalizó; se potenció la Universidad.
– Se iniciaron planes urbanísticos: el paseo de la Independencia es la culminación del paseo Imperial; el barrio de la Magdalena fue saneado; el paseo de las Damas imitó a las avenidas parisinas.
– Se plantaron 10.000 árboles.
– Zaragoza tuvo por fin una administración moderna y eficaz: se creó el primer documento nacional de identidad de la historia de España.
– Se creó el primer cuerpo de bomberos municipales.


6. Citas y enlaces

“Cuando los soldados de Napoleón entraron en Zaragoza en la VIL ZARAGOZA, no encontraron más que viento por las desiertas calles. Sólo en un charco croaban los ojos de Luis Buñuel. Los soldados de Napoleón los remataron a bayonetazos.”
Luis Buñuel, “Palacio de hielo” (1927)

“Zaragoza, ciudad afortunada en aquel tiempo por el sabio jefe que tenía a su cabeza, el teniente general don Jorge Juan Guillelmi, y por la multitud de gente docta que ilustraba a aquella capital y a toda la provincia.”
Manuel Godoy, “Memorias” (1836)

“En Cádiz estaban las ideas sin acción; en el resto de España, la acción sin ideas.”
Karl Marx, “La España Revolucionaria” (1854)

“El resultado de la guerra fue que en España se afianzó una monarquía de raíz francesa: los Borbones, que ahí sigue dos siglos después.”
Javier Ortiz, “El 2 de mayo” (2008)

Introducción histórica a los Sitios de Zaragoza. Versión oficial

Los afrancesados, según la Gran Enciclopedia Aragonesa

¿Era unánime en la población el sentimiento antifrancés?

¿Si hubieran triunfado los franceses hoy seríamos afrancesados?

Especial sobre los Sitios en Heraldo de Aragón

Artículo de Javier Ortiz sobre el 2 de mayo

Comentario en “La borraza blanca” respecto al levantamiento



7. Faustino Casamayor

Faustino Casamayor (Zaragoza, 1760-1834) fue un cronista extraoficial de la ciudad. Gestó una gigantesca obra manuscrita, en 49 volúmenes, que abarca 51 años de la Historia de Zaragoza, desde 1782 a 1833. Estos volúmenes están depositados en la Biblioteca de la Universidad, y fueron digitalizados horrorosamente (no se ve nada) para ponerlos a “disposición” del público en Internet.

En el año 2005, la Editorial Comuniter publicó el estudio de Concepción Sánchez Rojo “Faustino Casamayor: un observador de Zaragoza entre dos siglos. 1760-1834”. Pero estaba pendiente la edición de la obra original, cuyo título completo es “Años políticos e históricos de las cosas particulares ocurridas en la Imperial y Augusta Ciudad de Zaragoza”. La misma Editorial Comuniter nos invita a la presentación de los tres primeros volúmenes (los correspondientes a los Sitios y la Guerra de la Independencia):

El director de la Editorial Comuniter y el director de la Institución «Fernando el Católico» se complacen en invitarle a la presentación de los tres primeros volúmenes de “Zaragoza” de Faustino Casamayor, correspondientes a los años 1808-1809, 1810-1811 y 1812-1813, con estudios introductorios de Pedro Rújula, Herminio Lafoz y Carlos Franco de Espés, respectivamente. Intervendrán en el acto Carlos Forcadell, director de la Institución «Fernando el Católico», Manuel Baile, director de la Editorial Comuniter y Pedro Rújula, coordinador de la obra. La presentación tendrá lugar en la librería FNAC (Coso, 25), el próximo martes, 3 de junio de 2008, a las 20:30 h. La entrada es libre.


Enhorabuena a esta editorial por la iniciativa, que nos ayudará a todos a entender mejor los Sitios y los Contrasitios.

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